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Semimago Thordric · Book 1
Traducido por Marina Miñano Moreno
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THE STORY
En Dinia, la magia de los medio-magos siempre ha sido considerada peligrosa, imposible de dominar y motivo de desconfianza. Thordric ha crecido con esa carga, obligado a ocultar lo que es y a creer que su poder solo puede traer problemas.
Pero cuando el Alto Mago Kalljard aparece asesinado, todo cambia. El crimen fue cometido con magia, y la investigación necesita respuestas que nadie parece capaz de dar. Contra todo pronóstico, el joven Thordric se ve arrastrado al misterio, enfrentándose a la posibilidad de que su don —ese que siempre le dijeron que debía reprimir— sea la única clave para resolverlo.
Para descubrir la verdad, Thordric tendrá que atreverse a mirar de frente su propia magia y aprender a controlarla. En un mundo que lo rechaza por lo que es, deberá decidir si confiar en sí mismo lo bastante como para descubrir al culpable… antes de que sea demasiado tarde.
Get your copy →Capítulo Uno: Conociendo A Thordric
—Ya te digo yo, inspector, que es un joven sensato.
Thordric oyó al inspector Jimmson suspirar. Su madre llevaba más de una hora en la oficina del inspector tratando de negociar con él para conseguirle un trabajo a Thordric en la comisaría.
—Eso no lo pongo en duda, Maggie, pero no puedo ignorar lo que es —el inspector bajó su tono de voz, por lo que Thordric tuvo que esforzarse por escuchar—. Es medio-mago, por el amor de Spell. Si alguien descubriera que uno de los de su calaña trabaja aquí…
—¿De su calaña? Inspector, te aseguro que esa parte de él está completamente bajo control —replicó su madre.
—Maggie, Maggie. Piensa en lo que me estás pidiendo. Sabes que eres la mejor patóloga que uno podría desear, y no quiero hacerte daño, pero la reputación de la comisaría…
Reinó el silencio durante un momento.
—No puedo dejar que el chico trabaje aquí.
Thordric escuchó cómo una de las sillas arañaba el suelo.
—Entonces no eres el hombre que pensé que eras —espetó su madre.
Abrió la puerta de la oficina y comenzó a andar, manteniendo la cabeza bien alta y golpeando sus tacones contra el suelo con orgullo.
—Venga, Thordric, vámonos a casa.
Thordric se puso en pie, sintiendo una mezcla de alivio y decepción en su estómago. Conforme se disponían a marcharse, la puerta de la oficina se volvió a abrir. El inspector se acercó a ellos y se quedó observando a Thordric mientras movía su tupido bigote. Thordric trató de no tragar bajo la intensa mirada del inspector.
—Está contratado —espetó el inspector bruscamente—. Empieza a trabajar mañana a las siete y media en punto. No permitas que llegue tarde, Maggie.
—Gracias, inspector —dijo su madre.
Thordric creyó haber atisbado una sonrisa aparecer en sus labios.
Esa misma tarde, su madre lo llevó al sastre para que le tomaran las medidas para el uniforme. Puesto que sólo iba a trabajar como asistente del inspector, no necesitaba el completo uniforme de policía.
—Mejor así, la verdad —dijo el sastre, llevando la cinta de medir hasta el pecho de Thordric—. No creo que tenga algo tan pequeño. No, va a tener que ser una chaqueta simple y en talla de chico, creo.
Le tomó las medidas y las anotó en su cuaderno de cuero. Thordric arqueó el cuello para intentar ver qué era lo que había anotado, pero el sastre levantó la mano.
—Por favor, señorito, no se moleste con los detalles. Déjeme eso a mí —se giró hacia la madre de Thordric y en una voz más suave dijo—: ¿Está segura de que tiene catorce años? Aparenta doce como máximo, si le soy sincero.
—Tengo catorce y medio —espetó Thordric, indignado.
El sastre le sonrió y continuó tomándole las medidas.
Un par de horas más tarde, uniforme en mano, Thordric comenzó a andar hacia su casa. Sin poder evitarlo, su madre lo agarró del brazo y lo arrastró hasta la barbería.
—¿Por qué estamos aquí? —preguntó, parado delante de la entrada, observando cómo el poste rojo y blanco que colgaba de la pared daba vueltas.
—Querrás ir arreglado mañana, ¿no? —dijo amablemente.
El barbero también le encontró imperfecciones a Thordric. Se quejó de que su pelo se encontraba en tan malas condiciones que no iba a ser capaz de darle ninguno de los cortes típicos de policía (y no por falta de intentarlo). Pasadas tres horas, en las que la frustración del barbero había aumentado considerablemente, declaró que lo único que podía hacer para que Thordric estuviera más presentable era raparlo todo.
—Anda, deja de quejarte, Thordric —comentó su madre cuando ya estaban fuera de la barbería—. Si el buen barbero pensó que sería lo mejor, pues así es.
—Pero… está tan corto. Apenas tengo pelo. Todos se van a reír de mí.
—Tonterías —le reprendió su madre—. Estás muy guapo. Seguro que nadie dirá nada malo.
Desgraciadamente, su madre no podía haber estado más equivocada.
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