NEXT CHAPTER / BOOKSEl Arca book coverScience Fiction

Science Fiction · Dystopian & Post-Apocalyptic

El Arca

Traducido por Marcela Rocío Cuevas

Una amenaza cósmica lleva a un grupo a dormir para sobrevivir. Al despertar, deberán afrontar un mundo que no esperaban.

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Time Periods

En un futuro no muy lejano, la humanidad ha perfeccionado una tecnología capaz de sumir a una persona en un Estado de Sueño: una combinación entre animación suspendida y un coma inducido por fármacos. En este estado, el paso del tiempo apenas deja huella en el cuerpo: por cada año dormido, solo transcurren unos pocos días de envejecimiento real. La promesa de esta innovación es enorme, pero también lo es su potencial para convertirse en la última esperanza de supervivencia.

Mientras se completa la prueba más larga jamás realizada con esta tecnología, los astrónomos detectan un cometa inusual acercándose a la Tierra. No es su tamaño lo que preocupa, sino la radiación que arrastra y que, según todos los cálculos, acabará con casi toda forma de vida en el planeta. Ante la inminencia del desastre, el gobierno inicia la construcción de una instalación protegida para albergar a un grupo de hombres y mujeres especialmente entrenados, seleccionados con extremo cuidado y bajo el más absoluto secreto.

El momento de despertar se fija con precisión, pero cuando los durmientes abren los ojos, el mundo que encuentran no es el que dejaron atrás. Algo salió mal. Ahora, en un entorno desconocido y extraño, deberán adaptarse, sobrevivir y cumplir una misión que ya no se parece en nada a lo que habían imaginado.

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Día 1075
Las paredes de la habitación eran de aproximadamente quince metros de largo, mientras que el techo debe haber estado a unos seis metros de alto. Uno de los muros estaba completamente cubierto de equipos de computación y monitores de control médico. En la pared del frente, había una gran puerta de metal que parecía una esclusa. La habitación no tenía ventanas, pero había doce cámaras de video colgadas del techo que grababan cada centímetro de la misma.
Con la ayuda de una tenue luz roja, podía llegar a vislumbrarse las siluetas de docenas de cápsulas en forma de ataúdes, alineadas perfectamente en cuatro filas. Las cápsulas eran negras, con lados redondeados y lisos. Cada una tenía dos secciones en la parte superior, rodeadas de un marco negro que conformaban una tapa de ensamblaje que cabía perfectamente en la superficie de la cápsula. Era prácticamente imposible distinguir dónde terminaban los lados y comenzaba la cubierta. Cada cápsula tenía varias filas de luces indicadoras y pantallas de LED en uno de los extremos, y todas estaban enumeradas con una etiqueta adhesiva roja de unos ocho centímetros.
Al final de cada fila había una consola con un complejo equipamiento computarizado. Las cápsulas portaban pequeñas pantallas que mostraban lo que parecían lectores de ECG. Cualquier persona con algo de conocimiento en medicina se hubiera preocupado por la bajísima frecuencia cardíaca desplegada en las pantallas. Diez de las cápsulas tenían varias hileras de lucecitas verdes, algunas titilaban mientras otras brillaban continuamente. En la cápsula con el número Diez resplandecía una luz amarilla y otro preocupante destello rojo. La cápsula Tres estaba totalmente a oscuras.
A través de la tapa transparente de cada cápsula, se veía la forma de un cuerpo humano desnudo. El grupo estaba conformado de hombres y mujeres de diferentes razas. Todos parecían estar en buena condición física y en una franja etaria de entre veinte y cuarenta años.
Mascarillas bastantes inusuales, semejante a las usadas para dar oxígeno, pero hechas de un material más pesado de un color blanquecino, cubrían las bocas y narices de las personas. Las mascarillas, que tenían dos tubos conectados a ellas, se sujetaban alrededor de la cabeza de quien estuviera usándola. Las puntas de dichos tubos encajaban en puertos adheridos a los lados de cada cápsula. Las mascarillas, junto con una rara mezcla de tubos y cables que entraban y salían de diversos orificios, hacían que los ocupantes de las cápsulas parecieran casi máquinas. Con la escaza luz del lugar era imposible decir si los que yacían allí dentro estaban vivos o muertos.
Sin ninguna advertencia, se prendieron seis hileras de luces fluorescentes suspendidas en lo alto. Aunque el cambio en la luminosidad fue extremo, no se observó ninguna reacción aparente de parte de los ocupantes de las cápsulas. Unos segundos más tarde, una luz estroboscópica comenzó a destellar sobre la puerta, sellada ya hacía un buen tiempo, en tanto la actividad en muchos de los paneles computarizados comenzó a aumentar.
Luego de una pequeña pausa, se escuchó un siseo apenas audible y la puerta de 500 kilos comenzó a abrirse con lentitud. Cuatro personas, en trajes amarillos contra riesgos biológicos, entraron a la amplia cámara. Habían estado tan apretados en el pequeño espacio de la esclusa que hasta les costaba salir de allí. Sus movimientos eran lentos y sus miradas viajaban de un lado de la habitación hacia el otro. Por sus movimientos, era evidente que todos estaban experimentando un alto nivel de incertidumbre. En cuanto los cuatro estuvieron dentro de la cámara, la puerta se cerró por completo detrás de ellos, y en exactamente treinta segundos, la luz estroboscópica dejó de destellar.

Christopher Coates

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