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La Serie de Bessie · Book 1
Traducido por Enrique Laurentin
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THE STORY
Es el verano de 1972 en Ravenspond, Canadá, y Bessie acaba de cumplir quince años. Inquieta, curiosa y llena de energía juvenil, decide emprender una aventura junto a su mejor amiga Ash: hacer autostop hasta Vancouver para ver en concierto a su ídolo, Chris Lisacker. Lo que empieza como un plan impulsivo pronto se convierte en un viaje completamente inesperado.
En lugar de llegar a la costa oeste, Bessie y Ash despiertan en un lugar insólito: el Cielo. Sin recuerdos claros de cómo llegaron allí, deambulan entre paisajes extraños y encuentros sorprendentes. A su lado aparece Mel, un ángel excéntrico de camisas hawaianas, que con paciencia y humor ayudará a Bessie a reconstruir las piezas de su memoria.
Pero cuanto más cerca está de descubrir lo que realmente sucedió, más incierto se vuelve su deseo de saber la verdad. Entre la nostalgia de un verano perdido y las preguntas que nunca dejan de inquietarla, Bessie deberá enfrentarse a un misterio que trasciende el tiempo y la vida misma.
Get your copy →El Cielo
Bessie está tumbada en una ladera cubierta de hierba y salpicada de flores silvestres, apoyando la cabeza en los brazos. Sus ojos se cierran como en un sueño. Sus pensamientos vagan como nubes en la brisa, como siempre que está sola. Le encanta estar en el Cielo, lo adora, pero no puede evitar una sensación de ansiedad, una especie de pavor por no saber cómo ha acabado aquí. Y cuándo. ¿Fue la semana pasada? ¿Hace un mes? ¿Hace un año? ¿Hace más tiempo? ¿Y por qué está Ash aquí también? Solo tienen quince años. Demasiado jóvenes para estar en el Cielo. Entonces, ¿qué les pasó? ¿Y por qué no puede recordar?
Fragmentos de recuerdos vagan por su mente, pero nada encaja. Una brisa cálida le levanta el flequillo rojo pálido y deja al descubierto una cicatriz de dos centímetros sobre la ceja izquierda con la forma de una pequeña ave.
Desde algún lugar detrás de ella, una voz aleteante se materializa interrumpiendo sus pensamientos. "Bess, ¿adónde has ido? Bess".
Gira la cabeza para captar el sonido familiar. Encorvándose sobre los codos, mira hacia atrás, colina arriba, desde donde acaba de estar. A lo lejos, suena el timbre de un colegio. Lo ignora y empieza a reírse.
"¿Bess? ¿Estás aquí?" La voz de niña se une, por fin, a una impresionante belleza de ascendencia mixta vestida con una minifalda rosa ardiente. Esbelta como un palo, su cabello de caniche florece diez centímetros alrededor de su maquillaje de estrella de cine; y su tez cobriza resplandece. Camina a trompicones por la cima de la colina con una sandalia plataforma verde lima puesta y la otra a cuestas. Se deja caer junto a Bessie y tira el calzado roto a la hierba. "Estúpida sandalia, de todos modos".
"Ash, concéntrate. ¿Cuántas muertes habrá en este vuelo por, digamos, accidentes de tráfico?". Bessie coge una brizna de hierba para masticarla. "Adivina cuántos accidentes, no cuántos muertos".
Ash se echa hacia atrás, sus elegantes manos muestran un notable color de esmalte de uñas cereza, completo con diamantes de imitación. "¿Sólo viene este próximo vuelo?", pregunta. "Vale, yo digo que entre treinta y cuarenta accidentes de coche, quizá tres camiones. ¿Cuenta una bicicleta como vehículo? Un autobús, y... me duelen los pies".
El timbre del colegio vuelve a sonar sin que ninguna de las dos chicas reaccione. Ash se inclina hacia delante para frotarse los dedos del pie izquierdo antes de volver a estirar la pierna. Saca de su bandolera gigante dos latas de Néctar de Héctor: un refresco celestial de miel y nectarina que fue inventado por Ángel Héctor hace eones, Ash cierra las pestañas y le da una a Bessie. "Luego están los suicidios", añade. "Los asesinatos, por supuesto".
"No olvides lo obvio", le recuerda Bessie, dando un largo trago y volviéndose hacia su amiga, sonriendo.
Se miran fijamente a los ojos y exclaman al unísono: "La Guerra".
Las chicas, que siguen sorbiendo sus refrescos, contemplan las frondosas laderas que se extienden alrededor del aeropuerto en el valle de abajo. La palabra "aeropuerto" es un término equivocado; el edificio parece más bien una plataforma al aire libre. El suelo de pino está unido a un techo de tejas de cedro con cuatro robustos postes en cada esquina, pero sin paredes. En lo alto del tejado, una impresionante torre de cristal alberga una magnífica campana dorada. En un extremo de la plataforma más alejada de las chicas, una puerta de cristal está suspendida en el aire, brillando con un aura incolora. Fuera de la puerta se ve claramente la pista de aterrizaje de un aeropuerto. La entrada principal se encuentra en el extremo opuesto de la plataforma: una puerta arqueada rodeada de flores. Sobre la entrada, una placa tallada que cuelga de unas cadenas anuncia modestamente: "Portal del Cielo".
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