
Fantasy · Epic Fantasy
Melcorka de Alba
La Espadachina · Book 4
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FantasyFantasy · Epic Fantasy
La Espadachina · Book 3
Traducido por José Gregorio Vásquez Salazar
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THE STORY
Al adentrarse en las aguas desconocidas del Atlántico, Melcorka la Espadachina y Bradan el Errante se topan con un hallazgo inquietante: una mujer sepultada en un bloque de hielo, con una diadema marcada por el símbolo de un halcón. Sin saber aún su verdadero significado, deciden conservarla, sin imaginar el destino que les aguarda.
Unidos a una flota de naves nórdicas, navegan hacia las costas de Groenlandia y más allá, hacia Vinland y las tierras vírgenes del Nuevo Mundo. En su viaje se enfrentarán a enemigos ancestrales, criaturas imposibles y pueblos que guardan secretos tan antiguos como poderosos. Entre ríos inmensos y montañas sagradas, cada paso los acerca a una verdad enterrada bajo leyendas y mitos.
En el corazón del continente desconocido se alza Cahokia, una ciudad monumental gobernada por guerreros que llevan el mismo símbolo del halcón. Allí, Melcorka descubrirá que el artefacto hallado en el hielo no es solo un adorno, sino la llave de un destino que podría cambiar el rumbo de naciones enteras. En medio de alianzas frágiles, rebeliones y sacrificios, se pondrá a prueba no solo su espada, sino también su identidad.
Get your copy →El viento venía del sur y del este, conduciendo a Catriona hacia adelante en un interminable desperdicio de mar, como lo había hecho en días pasados y probablemente lo haría en los días venideros.
“¿Cuánto tiempo ha durado esta tormenta?” Bradan se sacudió el agua del cabello, solo para que otra ola chocara contra la alta proa de Catriona y lo salpicara con un nuevo suministro de espuma.
Sentada en la popa con la mano derecha fijada en la caña del timón, Melcorka se encogió de hombros. “No lo sé. ¿Eso importa? Si no estuviéramos aquí, estaríamos en otro lugar”.
“Preferiría estar en otro lugar en vez de un pequeño bote en medio del Océano Occidental”.
Melcorka miró a su alrededor. “Es mejor viajar con esperanza que llegar a la decepción”, dijo. “Y mientras seamos miserables en Catriona, estamos vivos”. Ella sonrió. ¿Prefieres que estemos debajo del agua a estar encima de ella?
“Prefiero tener los pies en tierra firme”, dijo Bradan. “No hemos visto nada más que olas durante semanas”.
Melcorka sonrió. “¡Oh, Bradan el Errante! Fuiste tú quien quiso aventurarse fuera de Alba. Fuiste tú quien deseó encontrar las tierras donde crecen los extraños frutos que llegan a las costas occidentales de Alba”.
“Eso lo sé”, acordó Bradan.
“Y aquí estamos, navegando para encontrar tus tierras exóticas”.
Bradan sonrió tristemente. “En efecto. Ahora me quedaré callado y te permitiré disfrutar de nuestro crucero de placer en el océano infinito y cuando caigamos sobre el fin de la tierra, me recordarás que esto fue completamente culpa mía”.
“Por supuesto que lo haré”, le dijo Melcorka. Ella sacudió la cabeza, por lo que la capucha de su capa de viaje se desprendió y su largo cabello negro se revolvió locamente en el vendaval. “Me pregunto cómo será caerse del fin del mundo”.
“Hablé con un viejo druida, antiguo sacerdote celta muy sabio, sobre ese asunto una vez”, dijo Bradan con seriedad.
“Lo recuerdo”, dijo Melcorka. “Eso nos causó todo tipo de problemas”.
“No hay problema que no puedas manejar”, dijo Bradan. “Este druida, Abaris, me contó todas las maravillas del mundo, pero por desgracia, mi mente solo pudo retener una fracción de la información”.
“La mente es así”, dijo Melcorka.
“Pero una cosa sí recuerdo”, dijo Bradan. Bajó la voz, pero ella todavía podía oírlo a pesar del aullido de la tormenta. “El mundo no es plano; es redondo, así que si un hombre...”
“O una mujer”, interrumpió Melcorka.
“O una mujer. Estaba a punto de decir eso. Si un hombre o una mujer siguen yendo en cualquier dirección, él o ella eventualmente terminarán de regreso donde comenzaron”.
Melcorka se echó a reír. “No puedo ver el punto en eso”, dijo. “¿Qué sentido tiene hacer un largo viaje solo para llegar al mismo lugar de donde saliste?”.
“Por la aventura”, dijo Bradan, “y por las experiencias; ¡los lugares que ves, las diferentes personas que conoces, las extrañas tierras y culturas!”
“Entonces, ¿por qué te quejas?” Melcorka preguntó dulcemente. Ella miró a su alrededor. “Aquí estamos rodeados por lo extraño... Agua”. Ella se rio de nuevo. “Al menos tenemos la aventura del viaje”.
“¿Qué es eso?” Bradan señaló hacia adelante. “Creo que tenemos otro tipo de aventura a punto de comenzar”.
Melcorka se asomó a la tormenta, donde grandes olas de color verde grisáceo se alzaron más alto que su mástil en espiral, con las copas enroscadas, arrojando una corriente blanca plateada y luego descendiendo hacia Catriona como un monstruo rugiente desde las profundidades. “Solo puedo ver olas... No, espera... Tienes razón, Bradan. Hay algo allí”.
Malcolm Archibald

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