
Horror · Supernatural Horror
HorrorHorror · Supernatural Horror
Traducido por Jorge Alberto Iglesias Jimenez
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THE STORY
Una maldición familiar puede atravesar generaciones.
Después de que el director de banco Jonathan Ward hereda una antigua mansión, comienzan a suceder cosas extrañas. Durante su primera noche en la propiedad, una hermosa joven aparece ante su puerta y le suplica ayuda. Instantes después, ha desaparecido.
Le siguen extrañas apariciones y sonidos sobrenaturales, y la joven vuelve a buscar refugio. Desesperado por obtener información, Jonathan recurre a los amplios conocimientos de la bibliotecaria del pueblo.
A medida que sale a la luz la oscura historia de la mansión, Jonathan empieza a comprender la magnitud del horror que se avecina. ¿Será demasiado tarde para salvar a sus seres más queridos... y a sí mismo?
Get your copy →Meryl Watkings llevaba un carrito de bebidas hacia una de las muchas mesas que rodeaban el escenario en el fondo del pub que ella regentaba con su marido Mike.
El bar estaba abarrotado, demasiado incluso para ser un viernes por la noche. Meryl lo había achacado a la nieve que había caído ayer por la tarde, se había acumulado una capa de varios centímetros de espesor, y al hecho de que una vez al mes ella y su marido contrataban a una banda para que tocara en directo en el pub.
Esta noche, tenían a un grupo de folk que lo formaban cuatro primos. Un hombre tocaba la batería, otro la guitarra, luego había una chica con la otra guitarra y otra con la flauta. La que tocaba la guitarra era la cantante principal del grupo.
Era la primera vez que este grupo venía a tocar a su pub, pero venían recomendados por otros patrones de la industria que Meryl y Mike conocían.
Eran nómadas gitanos que actuaban por todo el mundo, y aunque nunca habían publicado un al bum, la gente que estaba cerca del escenario siempre les pedía que tocaran una canción más.
Mary se apresuró en volver a la barra donde ya había cinco clientes esperando a que les sirvieran, además de los clientes que su marido y los otros dos camareros de barra aun no habían atendido.
El grupo estaba ya colocando los instrumentos en el pequeño escenario, y las chicas ya habían recibido varios silbidos de admiración del publico masculino. Meryl consideró seriamente en advertir por megafonía que guardaran el orden, pero a las dos muchachas parecía gustarles la atención que les dispensaban y respondían mandando besos a la multitud.
La actuación estaba programada para las nueve y media, y justo antes de que la manecilla más larga del reloj alcanzara las seis Mery sintió una corriente helada de aire prominente de la puerta de entrada cuando, esta se abrió y entró uno de sus clientes habituales del local arrastrando los pies.
El viejo había venido todas las tardes desde que abrieron el pub.
El nunca hablaba con nadie excepto para decir por favor o gracias cuando pagaba su bebida, y siempre se sentaba en la esquina mas alejada de los demás clientes para disfrutar de su cerveza en paz.
Meryl notó la cara de sorpresa del viejo cuando este se percató de lo llena de gente que estaba la zona próxima a la barra. Durante unos instantes el se quedo inmóvil cerca de la puerta de entrada observando el abarrotado pub y Meryl estaba convencida de que el estaba pensando en marcharse sin tomarse sus dos pintas de cerveza de costumbre.
Meryl tuvo el impulso de darle el cambio al cliente que acababa de pagar por su consumición y disculparse con el cliente siguiente mientras ella rodeaba la barra y cogía al viejo por el brazo justo cuando este se había dado la vuelta para dirigirse a la salida.
El hombre la miró con una mezcla de sorpresa y confusión en la cara hasta que se dio cuenta de quien era la persona que le estaba cogiendo por el brazo.
Meryl sonrió de oreja a oreja. “Esta noche estamos hasta los topes”, explicó ella. “Pero hay una mesa vacía perfecta para usted”.
Acto seguido, ella guio al viejo cuidadosamente entre la multitud hasta que llegaron a su destino.
Una vez que el se sentó, Meryl se ofreció a servirle, “lo de siempre, ¿no?
El viejo sonrió, “si, por favor”, contestó el, y Meryl le dio unos golpecitos en el hombro antes de volver a la barra.
Después de servir a un par de clientes habituales, Meryl volvió con el viejo con su pinta de cerveza fuerte de costumbre.
Ella la dejó encima de la mesa delante de el y mientras el abría la cartera para pagar, ella le sujetó la mano. “La primera de hoy corre de mi cuenta”, dijo ella guiñándole el ojo.
El viejo se lo agradeció amablemente, y Meryl le dejo a solas para volver a la barra.
La banda se presentó a sí misma y empezó la actuación.
La música de la banda era una mezcla de géneros musicales, pero ellos hacían sus propios arreglos para adaptarlas al genero folk/country que ellos habían prometido tocar, y para cuando casi habían terminado la primera serie de canciones la multitud se les había unido cantando las viejas canciones conocidas por todos.
Mark L'Estrange

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