Reclusorios
Traducido por Tomas Ibarra
Cuando la justicia se convierte en un negocio
En Cashing In, John Brown, un cardiólogo de Nueva York, termina cumpliendo una condena excesiva en una prisión privada de Miami. Junto a dos compañeros de celda —un abogado y un banquero de inversiones—, John comienza a descubrir cómo el lucro, el poder y el castigo se entrelazan dentro del sistema penitenciario privado de Florida.
Al mismo tiempo, la periodista Nicole Rodriguez y su equipo del Miami Post investigan el Centro Correccional Homestead y a su propietario, Corrections United Company. Su investigación revela inquietantes vínculos entre los directivos de la prisión y los jueces que imponen sentencias inusualmente severas. A medida que profundizan, comienza a salir a la luz una extensa trama de corrupción, protegida por personas con dinero, influencia y mucho que perder.
Cuando los caminos de John y Nicole se cruzan, ambos se acercan cada vez más a la verdad y a las poderosas figuras decididas a mantenerla oculta.
Descubre la corrupción, la codicia y las consecuencias humanas que se encuentran en el corazón de Cashing In.
Fragmento del libro
A John Brown le sudaban las palmas. Sus piernas comenzaron a temblar sin control.
—John, tienes que relajarte. Las cosas van a estar bien —susurró su abogado, Alfredo Gómez—. Debes mantener la compostura. Todo saldrá bien.
—Lo siento, pero estoy muy nervioso. Haré mi mejor esfuerzo.
Alfredo le dio unas palmaditas en la espalda. Había estado ejerciendo derecho penal en Miami durante veinticinco años y sabía cómo tranquilizar a sus clientes en situaciones tensas.
—Dr. Brown. Entiendo que ha aceptado el acuerdo de culpabilidad que le ofreció el fiscal. ¿Es correcto? —preguntó el juez Stewart Decker.
—Sí, Su Señoría. Eso es correcto.
El juez Stewart Decker se quitó las gafas.
—Dr. Brown, ¿le gustaría dirigirse al tribunal?
—Sí, Su Señoría —dijo John mientras se acercaba al estrado.
—Su Señoría, reconozco que tengo una adicción a los opioides. Padecí un tremendo dolor de espalda después de mi accidente automovilístico. El médico me recetó oxicodona y me enganché a esa droga altamente adictiva. Confío en que puedo recibir tratamiento y continuar mi trabajo como cardiólogo. He tenido el privilegio de ayudar a salvar vidas de personas y solicito el perdón para que pueda seguir siendo un ciudadano productivo. Pido clemencia —dijo John mientras comenzaba a llorar.
Alfredo se ajustó la corbata y se puso de pie.
—Su Señoría, nos gustaría llamar a varios testigos.
Tres de los colegas de John subieron al estrado, uno a la vez, testificaron que John era una persona y un colega maravilloso. Además, el jefe de John en Cardiología y otros dos amigos le dijeron al juez que John era una excelente persona, pero que necesitaba ayuda para vencer su adicción.
—Juez, el Dr. John Brown es un ciudadano destacado —continuó Alfredo—. Ha cometido algunos errores. Sin embargo, estamos seguros de que puede cambiar las cosas y tener un impacto positivo en la sociedad. El Dr. Brown no ha dedicado su vida al crimen. No es un capo de la droga. Es alguien que necesita ayuda. Solicitamos clemencia al tribunal. Gracias, Su Señoría.
—Gracias —dijo el juez—. Acepto la declaración de culpabilidad. La defensa pide libertad condicional, mientras que la oficina del fiscal del Estado solicita tres años de prisión estatal. Dr. John Brown, por la presente lo declaro culpable de posesión de una sustancia controlada. Dr. Brown, la policía de Miami Dade lo detuvo por exceso de velocidad y conducción imprudente. El informe policial indica que viró bruscamente y casi golpea a otro auto. El oficial encontró docenas de recipientes de oxicodona en su vehículo. Además, admitió haber usado estas píldoras en el trabajo. Dijo que le ayudaron a controlar el dolor de espalda y que no podría realizar su trabajo sin ellas. Este es un precedente peligroso, y quiero hacer de usted un ejemplo. Tenga en cuenta que las pautas de sentencia son, por definición, recomendaciones. Como juez, puedo ir más allá de ellas cuando lo crea apropiado. Así que lo condeno a diez años en la prisión estatal de Florida. Se le multará con setenta mil dólares más las costas judiciales. Finalmente, debe asistir a un tratamiento mientras está encarcelado.





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